El cuarto de hospital estaba silencioso, salvo por el constante pitido de los monitores y la respiración controlada de Fernando. La luz de la tarde se filtraba por las cortinas, bañando la habitación con un tono cálido, pero incluso esa calidez parecía no llegar a calmar completamente la atmósfera cargada de tensión y emociones contenidas. Marcos estaba sentado en la esquina, observando con atención cada movimiento, cada parpadeo de su amigo, mientras Isabella permanecía cerca de la cama, atent