La luz de la habitación se filtraba suavemente por las cortinas, pintando un mosaico tenue sobre las paredes blancas y los muebles minimalistas. El cuarto de hospital estaba silencioso, solo roto por el leve zumbido de los monitores y el tic-tac del reloj en la pared. Marcos, Isabella y Leo estaban sentados, cada uno con sus propios pensamientos atormentados y llenos de ansiedad. Habían pasado días esperando este momento, el instante en que Fernando despertara plenamente de su inconsciencia, y