La habitación blanca del hospital parecía volverse más pequeña mientras Marcos la observaba, esperando que ella cediera como siempre. Pero esta vez, Isabella no era la misma chica que él podía doblegar con una sola mirada. Levantó el rostro, respiró hondo y habló con una firmeza que incluso lo desconcertó.
—Está bien, Marcos —dijo, cruzándose de brazos—. Ya veo que para ti es difícil dar segundas oportunidades. Pues para mí también lo es.
Se acercó un poco más a la cama, sin apartar su mirada d