El auto permanecía estacionado junto al camino de piedra que conducía a la tumba de Damián Echeverría.
El viento se había calmado, pero la tensión seguía flotando en el aire como un eco persistente.
Camilo, sentado en la parte trasera, mantenía los ojos húmedos, mirando a través del vidrio empañado sin pronunciar palabra. Era la primera vez que escuchaba aquella historia completa, y aunque su corazón estaba hecho pedazos, sabía que no debía interrumpir.
Frente a él, Victoria sostenía las manos