La mansión permanecía sumida en un silencio que parecía pesado, casi opresivo, como si cada rincón guardara el eco de la reciente confrontación. Victoria estaba sentada en el gran salón, con la mirada fija en la chimenea apagada, los dedos entrelazados sobre las rodillas, mientras intentaba controlar la respiración que todavía se aceleraba. Cada golpe de su corazón le recordaba la intensidad del enfrentamiento con Marcos, y cada sombra proyectada por la luz tenue de las lámparas parecía darle v