La mansión estaba envuelta en una penumbra elegante, solo iluminada por la luz cálida de las lámparas y el reflejo tenue de la luna sobre el mármol pulido. La tarde había cedido al silencio de la noche, pero dentro del salón, la tensión era casi palpable. Victoria estaba sentada en el sillón principal, con la copa de vino en la mano, la mirada fija en la puerta de entrada, esperando a que él llegara. Cada sonido del exterior la hacía tensar los hombros, y cada sombra proyectada en las paredes p