La oficina estaba en completo movimiento esa mañana. Carpetas apiladas por un lado, documentos dispersos por la mesa y un vaivén constante de asistentes y personal que trataba de mantener todo en orden. Charlotte caminaba de un lado a otro, revisando horarios, acomodando papeles y asegurándose de que cada reunión de Marcos D’Alessio estuviera perfectamente organizada. Su respiración se aceleraba con cada minuto que pasaba, y su frente empezaba a mostrar líneas de tensión.
Mientras colocaba un c