Marcos se recostó pesadamente en el respaldo de su silla, cruzando los brazos con fuerza y frunciendo el ceño mientras su mirada se clavaba en el techo de su oficina. Cada vez que pensaba en Isabella y en cómo Fernando estaba con ella, un fuego interno crecía, mezclando frustración, celos y un extraño sentimiento de impotencia. La idea de que Isabella no estuviera enferma realmente, que tal vez solo había decidido pasar el día con Fernando para recibir su cuidado, lo enfurecía de una manera que