Fernando permaneció en el pasillo unos minutos más, con la respiración controlada, intentando no inquietarse demasiado mientras Isabella se bañaba bajo la guía de Martha. Cada segundo se le hacía eterno; deseaba poder verla ya recuperada, sentir que el calor del caldo y los cuidados que había preparado hacían efecto en su cuerpo. Sabía que debía ser paciente, que el descanso y el calor del baño la ayudarían a relajarse y mejorar poco a poco.
De repente, Martha apareció en la puerta con una sonr