El primer rayo de sol atravesaba las cortinas de la habitación, tiñendo la habitación de un dorado suave que apenas lograba tocar el rostro de Isabella. Sofía se había despertado temprano, como siempre, pero notó de inmediato que su hermana seguía profundamente dormida, demasiado profunda para la hora. Caminó hacia su cama con cuidado, procurando no hacer ruido, y se inclinó sobre ella.
—Isabella… Isa, despierta —susurró, tocando suavemente su hombro.
Isabella no respondió, y al inclinarse un p