Era temprano en la mañana. El cielo apenas empezaba a clarear, tiñendo de tonos anaranjados y suaves azules las calles tranquilas de la ciudad. Fernando había salido como todas las mañanas a correr; el aire fresco golpeaba su rostro, despejando la mente, acostumbrado a que el inicio del día comenzara con disciplina y rutina. Su cuerpo estaba acostumbrado al ritmo matutino, a los pasos rápidos, a la sensación de control que le daba recorrer kilómetros mientras el mundo todavía dormía.
Al regresa