Los días iban pasando en la oficina y, con cada jornada, Isabella parecía más distante. Incluso cuando Fernando estaba a solas con ella, esa calidez que antes surgía de manera natural había desaparecido, reemplazada por una seriedad casi cortante. Cada gesto, cada mirada, se volvía medida, y su sonrisa, antes habitual, se volvía un reflejo fugaz que apenas rozaba sus labios.
Fernando lo notaba con creciente preocupación. Cada vez que ella se alejaba, o cuando respondía con monosílabos, sentía q