El auto se detuvo suavemente frente a un edificio discreto, casi escondido en medio de la ciudad. No había carteles luminosos ni música que saliera por las ventanas. Todo lo contrario: una fachada antigua, restaurada con esmero, y jardines perfectamente cuidados que parecían resistirse al paso del tiempo.
Isabella levantó la vista con curiosidad, todavía con el ramo de flores entre sus brazos, y frunció el ceño.
—¿Dónde estamos? —preguntó, ladeando la cabeza con intriga.
Fernando descendió prim