La subasta ya había comenzado cuando Victoria llegó al recinto. Su andar distinguido, su vestido color esmeralda y su mirada aguda hicieron que muchas cabezas se volvieran hacia ella. Pero nada de eso importaba. Lo único que deseaba era ver, por fin, a su sobrino y a su esposa juntos.
Y ahí estaban.
O eso creía.
Cruzando la sala, cerca de una escultura cubierta con tela negra, dos figuras captaban todas las miradas. Él, impecable en un esmoquin negro con una máscara veneciana plateada. Ella, et