Stephan
Mis manos encontraron su piel caliente y se retorció, bajo la presión de mi cuerpo.
—¿Qué estás…? —Consiguió decir confundida, antes de que metiese mi lengua en su boca y deslicé mis manos por su espalda, debajo del jersey.
—Demasiada ropa —le ayudé a quitarse el jersey y la camiseta, de un solo tirón —. Así está mucho mejor —desabroché el sujetador, para lanzarlo sobre el resto de la ropa y tomé sus pechos generosos en mis manos, sin dejar de observar como cerraba los ojos al sentir