Stephan
¡Carajo!
No había logrado contenerme y me arrepentía.
Aunque tampoco esperaba poder hacerlo en un futuro, porque Napoleón seguramente no deseaba tomar Rusia, tanto como yo quería follarme a la mujer que rescaté de las garras de tres asesinos.
No podía dejar de pensar en los gemidos ahogados y sollozos de placer, que le arranque con solo tocarla. Eso me nublaba el juicio y me costaba tenerla cerca sin repasar mentalmente todas las cosas que quería hacerle.
Pero no había tiempo, debía ter