Oriana
Me mordió con ferocidad, besó, y apretó contra la pared, sosteniendo mi cuello hasta que sentí que el deseo me consumía. No podía luchar contra lo que sentía por muchas objeciones que tuviese. Sin embargo, procuré no mostrarme débil.
Nos separamos con la respiración agitada y sus exigentes ojos me recorrieron, en tanto su mano trazaba mi estómago sobre la seda con rudeza. Me cogió la barbilla y mis ojos examinaron los suyos en busca de una señal de lo que pasaba por su mente.
Imposible,