La seda negra del vestido se deslizaba sobre la piel de Elena como una caricia gélida mientras se miraba al espejo del vestidor de la mansión. Steve le había dicho que su boda con Bianca fue un "trato necesario", pero esta noche, el aire se sentía denso. Elena ya no era la enfermera asustada; se pintó los labios de un rojo sangre y se puso los diamantes que Steve le regaló. Si iba a entrar en la boca del lobo, lo haría pareciendo una reina.
Steve entró en la estancia y se detuvo detrás de ell