La biblioteca de la mansión estaba envuelta en un silencio solemne, apenas roto por el crepitar de las llamas en la chimenea. Vincent se encontraba de pie junto a una ventana, observando la lluvia que golpeaba los cristales con una mirada distante. Había una tensión palpable en el aire, una mezcla de desconfianza y curiosidad por parte del grupo, que se mantenía a cierta distancia del recién llegado.
Aurora, incapaz de ignorar el enigma que representaba Vincent, decidió enfrentarlo una vez más.