La mansión de Damien se había transformado en el centro de operaciones del grupo. Las horas se habían convertido en días mientras planeaban el próximo enfrentamiento contra la Orden. Sin embargo, el aire estaba cargado de algo más que estrategia; una tensión emocional y mágica parecía envolver a cada miembro del grupo.
Aurora, ahora consciente de la conexión profunda entre ella, Damien y el hijo que llevaban juntos, sentía una determinación creciente. Sabía que no solo luchaban por sobrevivir,