NAHIA
La noche cae como una condena, pesada, asfixiante, y siento su sombra incluso antes de que se una a mí, esa presencia que invade cada habitación, cada aliento, como si las mismas paredes contuvieran la respiración esperando que él cruzara el umbral. Sé que será el último, lo siento en mi carne antes de que me toque, y todo mi cuerpo se tensa entre el miedo y el deseo, entre la huida imposible y la espera desgarradora.
No necesita hablar. Su silencio es una espada. Su mirada, cuando se det