NAHIA
Solo queda un día. Mañana, el contrato termina. Mañana, debería ser libre. Pero nunca me he sentido tan prisionera como hoy.
Toda esta semana, no me ha dejado respirar. Ni una noche, ni una hora sin él. Como si la idea misma de abandonarme un segundo le fuera insoportable, como si tuviera que llenar cada instante con su presencia, su aliento, su cuerpo, como si hubiera decidido grabar su huella en cada una de mis células antes de desaparecer.
Me ha llevado a todas partes. En su habitación, en la biblioteca, sobre la mesa de mármol del salón, contra los vidrios helados donde toda la ciudad podría habernos visto. Ha hecho de cada rincón de su hogar un teatro donde me ha poseído, marcada, desgarrada y reconstruida. No tengo refugio, no hay lugar donde esconderme, cada mueble, cada alfombra, cada pared está cargada de mis gemidos, de su aliento, del olor embriagador de nuestros cuerpos entrelazados.
Cierro los ojos y las imágenes desfilan sin piedad. Yo, de rodillas sobre la alfombr