NAHIA
Él sigue respirando pesadamente, con los ojos entrecerrados, el cuerpo tenso bajo mis labios, y siento que la tensión no ha hecho más que aumentar, que ha contenido su placer hasta este límite extremo, dejándome sostener en mis manos y en mi boca el fuego que arde en su interior. Luego, finalmente, su voz me ordena, ronca, llena de deseo reprimido:
— Levántate.
Lo hago, mis piernas temblorosas apenas soportan mi peso, todo mi cuerpo todavía electrizado por cada respiración, cada gruñido q