NAHIA
Él me mira sin decir nada, sus ojos recorren mi cuerpo como una caricia invisible, lenta, metódica, implacable, y siento que mi piel se estremece bajo esa mirada que me despoja tanto como me envuelve, mis pechos se tensan bajo el encaje fino, mis piernas se cierran a pesar de mí, como si todo mi ser buscara huir y ofrecerse al mismo tiempo, mis manos buscan un apoyo que no existe, ya estoy tomada antes incluso de que me toque.
Su mano se alza por fin, sus dedos descienden por mi brazo con