NAHIA
Me quedo un instante paralizada en el pasillo, mis dedos rozando aún la pared fría como si el tacto pudiera conectarme a la realidad, mientras Salvatore avanza hacia mí, su paso medido, sus ojos deslizándose sobre cada detalle de mi rostro como para asegurarse de que entiendo bien que todo está bajo su control.
— Toma, dice, extendiéndome una tarjeta de crédito Gold, el metal frío resbala entre mis dedos, y siento inmediatamente el peso del dinero, de la libertad que nunca he tenido, de l