NAHIA
El agua cae sobre mí en un torrente ardiente, golpeando mi piel enrojecida como si quisiera deslavarla hasta el hueso, llevarse consigo cada rastro, cada olor, cada escalofrío que él dejó en mi carne, pero esta fragancia oscura y embriagadora aún se aferra, se mezcla con el vapor, se infiltra en mis pulmones con cada respiración, recordándome que ninguna agua, por caliente que sea, podrá disolverlo por completo.
Cierro los ojos, dejo caer mi cabeza hacia atrás, y el sonido del agua se con