NAHIA
El silencio en la villa es una manta pesada, demasiado perfecta para ser real. Estoy de pie frente al ventanal de mi habitación, siento cada fibra de mi cuerpo vibrar con una tensión contenida. Las paredes de mármol me devuelven la imagen de una espectadora en mi propia vida, inmóvil. Un año. La palabra resuena, hueca. Una promesa de final que de pronto parece tan lejana como una estrella apagada.
La primera detonación no es un ruido, sino un seísmo. Un GOLPE sordo y profundo que parte de