El sabor de la comida en la boca me resultó completamente insípido, como si estuviera masticando ceniza. Adrián seguía hablando a mi lado, gesticulando con entusiasmo mientras describía el diseño de una fachada en la que había estado trabajando toda la semana; sin embargo, sus palabras me llegaban distorsionadas, como si estuviéramos separados por un grueso muro de agua. Yo asentía mecánicamente, forzando una risa ahogada en los momentos adecuados y clavando la mirada en la barra de la taquería