Mundo ficciónIniciar sesiónEntrar en el segundo mes de mi extraña amistad con Adrián trajo consigo una calma diferente, una especie de armadura ligera que me permitía respirar sin sentir que el pecho se me partía en dos a cada segundo. Adrián era como un soplo de aire fresco en mitad de un invierno eterno. No me hacía preguntas difíciles, no cargaba con fantasmas en camas de hospital ni escondía nudillos ensangrentados en los bolsillos de su chaqueta. Con él, la vida era simple, predecible y luminosa: cafeterías con ol







