Mundo ficciónIniciar sesiónNinguno de los dos volvió a hablar durante los siguientes minutos. El sonido acompasado de los limpiaparabrisas marcaba el ritmo del viaje mientras las calles de Madrid desfilaban ante nosotros, totalmente difuminadas por la lluvia. Yo seguía con la mano entrelazada con la de Ben sobre la consola central. De vez en cuando, él la apretaba ligeramente, casi sin darse cuenta, como si necesitara comprobar físicamente que yo seguía a su lado.
Cuando giró por mi calle, reconocí el edificio






