Mundo ficciónIniciar sesiónNunca había visto llorar a Ben. Ni el día que me contó su pasado, ni cuando me habló de Laura, ni siquiera aquella misma mañana en la habitación 314, cuando se despidió de ella con un beso en la frente y le prometió que iba a intentar volver a vivir. Ben siempre había contenido el dolor detrás de una mandíbula apretada, unos hombros rígidos y un silencio que pesaba mucho más que cualquier grito.
Pero en cuanto cruzamos el umbral de su apartamento, entendí que toda esa fortaleza de pi






