Mundo ficciónIniciar sesiónSalimos de la habitación sin volver la vista atrás.
Escuché el suave quejido de la puerta al cerrarse a nuestra espalda y, por primera vez desde que crucé aquel umbral dos años atrás, no sentí la más mínima necesidad de detenerme. No porque hubiera dejado de querer a Laura, sino porque comprendí con absoluta certeza que seguir allí ya no cambiaba nada. Mi despedida había sido real. Dolorosa. Definitiva.El pasillo de la tercera planta se extendía ante nosotros, largo, silenc






