Capítulo 30. El juego del gato y el ratón.
Leonella sintió que el aire se le congelaba en los pulmones. La luz azul del monitor, que antes era su única guía en la penumbra, ahora parecía un faro delatador que gritaba su traición. Miró la pantalla con una mezcla de pánico y urgencia: 98%... 99%... Cada segundo era un latigazo contra su cordura.
—¡Leonella! —el grito de Augusto retumbó en el pasillo, mucho más cerca, justo detrás de la pesada puerta de roble—. Sé que estás ahí. El sensor de la red me avisó que alguien entró al servidor pr