Capítulo 26. El escape por la retaguardia.
Augusto Valente frenó el deportivo con un chirrido que levantó polvo y grava frente a la villa de Bahía Esmeralda. Su corazón golpeó sus costillas cuando sus ojos se clavaron en el todoterreno negro estacionado de forma agresiva cerca de la entrada. Reconocería ese vehículo en cualquier parte.
—Maldita sea... —Siseó Augusto, golpeando el volante. De la Vega ya estaba allí.
Miró por el espejo retrovisor. Martha sostenía al pequeño Leo en el asiento trasero. Augusto no podía permitir que Héctor v