Capítulo 27. El rostro del pecado.
Héctor conducía como un alma perseguida por el diablo. La cifra "tres años y medio" le martilleaba las sienes con la fuerza de un mazo. En su mente, el rostro de Leonella al mentir se mezclaba con la imagen del pequeño en el hospital.
—No te creo —siseó entre dientes, golpeando el volante—. Mientes para salvarlo a él, o para castigarme a mí. Pero vas a caer, Leonella.
Mientras él se hundía en su propia tormenta, en la mansión De la Vega, otra tempestad se gestaba. Alessandra De la Vega caminaba