Capítulo 129. La caída de las máscaras.
El silencio en el vestíbulo se volvió denso, cortante, gélido. Bernardo se quedó paralizado en el descanso superior de la escalera de mármol, con la mandíbula tensa y los ojos fijos en Leonella.
El viejo empleado se dio cuenta del error fatal que acababa de cometer al delatar que sabía perfectamente a quién buscaban. Su máscara de sirviente fiel e imperturbable se agrietó por completo bajo la luz del salón.
Leonella subió dos peldaños despacio, sin quitarle la mirada de acero, tensando los puñ