Capítulo 130. Enemigo neutralizado.
Bernardo jadeaba con fuerza, con el rostro de granito pegado contra la pared fría del pasillo de servicio. Los dos guardias privados mantenían un agarre tosco, rudo, doblándole los brazos a la espalda sin miramientos.
El viejo mayordomo, despojado de toda su sumisión señorial, escupía insultos sordos mientras el tintineo de las esposas metálicas sellaba su caída definitiva en mitad de la cocina.
Leonella llegó al porche trasero a zancadas, deteniéndose justo al lado del pequeño Leo. Le colocó u