Capítulo 152. La bendición del lobo.
La mañana del sábado transcurría tranquila en la mansión De la Vega cuando Montero entró al despacho principal con una ceja ligeramente arqueada.
—Señor.
Héctor levantó la vista de los documentos.
—¿Qué pasa?
—Tiene visita.
—No tengo ninguna reunión.
—No es una reunión.
Montero carraspeó.
—Es… el francés.
Héctor frunció el ceño.
—¿Moreau?
—Ese mismo.
—¿Por qué demonios está aquí tan temprano?
Montero ocultó una sonrisa.
—Parece nervioso.
Aquello bastó para despertar las sospechas del Lobo.
—Haz