Capítulo 127. El enemigo en casa.
Leonella se quedó estática en el primer escalón del porche, sintiendo que la adrenalina le encendía la sangre una vez más.
Las palabras de Montero cayeron como un balde de agua helada, disipando de inmediato la satisfacción de haber sacado a Eugenia de la propiedad. Sus ojos oscuros se entrecerraron, fijos en el jefe de seguridad, mientras su mente analítica comenzaba a descartar y analizar sospechosos a velocidad de infarto.
—¿Un traidor en nuestra propia casa? —siseó Leonella, y su voz de ac