Capítulo 126. El zarpazo definitivo.
El llanto repentino del bebé Ethan rompió el silencio de piedra que se había apoderado del porche principal. El sonido, agudo y desprotegido, crispó los nervios de todos los presentes.
Eugenia continuaba estática, con las piernas rígidas y el rostro pálido, boqueando como si el aire de la mansión se hubiera vuelto veneno puro. Sus dedos enjoyados, que antes acunaban la manta azul con soberbia dinástica, ahora se aferraban al bulto como si fuera un escudo de carne para evitar las esposas federal