El regreso a la planta baja estuvo teñido de una extraña mezcla de alivio y aprensión. Aunque el sótano parecía ahora pacificado, la casa seguía vibrando con una presencia sorda e ineludible. Cada paso de los sobrevivientes resonaba en los pasillos, mientras una tensión invisible pesaba sobre sus hombros.
Alice, siempre reservada, observaba a Léa y a Lucas, con pensamientos visiblemente atormentados por las recientes pérdidas. Mathias, por su parte, se había mantenido concentrado en las imágene