El viento soplaba suavemente sobre la superficie del lago, inmóvil y apacible, pero quienes estaban en sus orillas sabían que aquella calma era solo de fachada. Alicia, Marc y Sarah, los tres supervivientes que habían abandonado la casa, contemplaban el horizonte aún atónitos por lo vivido. Detrás de ellos, el bosque, la casa y el lago conservaban parte de su esencia, como si se negaran a liberarlos por completo. Aquella presencia latente les recordaba que su escape podría no ser definitivo.
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