La noche había caído, pero el lago no dormía. Alicia y Sarah se encontraban junto al agua, la mente invadida por una extraña energía que vibraba en el aire. Los eventos anteriores habían fracturado su certeza y su valor, pero sabían que aún les quedaba una batalla por librar. Esta vez no huirían. La casa y el lago ya habían cobrado suficientes vidas, y era hora de romper ese ciclo.
Alicia fijó la vista en el agua, los puños apretados. Las ondas en la superficie respondían a su mirada, como si e