La extraña sala donde se encontraba el grupo se asemejaba a una manifestación de la propia casa: un espacio a la vez real e irreal, donde el tiempo y las leyes físicas parecían desvanecerse. Los espejos rotos en las paredes reflejaban sus rostros, pero los reflejos parecían ligeramente deformados, proyectando versiones de sí mismos cansadas, atormentadas o… diferentes.
Lea dio el primer paso, con la mirada fija en el círculo luminoso en el centro de la sala. La luz pulsaba suavemente, emitiendo