El sótano estaba sumido en un silencio opresivo, pero el grupo sabía que ese silencio no era una victoria. Era una pausa, un instante suspendido antes de que la casa revelara su verdadero plan. Los grabados en las paredes, aunque ya apagados, parecían vigilar a los sobrevivientes; sus formas inmóviles proyectaban una energía aún palpable.
Alice, con los brazos cruzados, andaba dando vueltas cerca del sello. Sus ojos lanzaban destellos de ira y miedo. — ¿Por qué seguimos aquí? —gruñó—. Hemos hec