Capítulo 96
Cuando se sentó y abrió el recipiente, vio que era comida del restaurante elegante de enfrente. Se preguntó desde cuándo Catalina se había vuelto tan generosa como para gastar tanto dinero.

Sebastián le alcanzó una botella de agua. —¿No va bien el caso?

A pesar de la lujosa comida, no tenía mucho apetito. —No encuentro puntos para refutar las acusaciones.

Sebastián se recostó en el sofá con aire relajado, su rostro suavizándose. —No te encierres en un solo círculo de pensamiento.

Él confiaba en
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