El ruido fue tan fuerte que toda la habitación tembló.
María volteó y vio a Vanessa levantarse del sofá, la miró feo antes de ponerse la ropa y salir caminando hacia la puerta.
María estaba tan enojada que le dolía el pecho, sentía una rabia que le quemaba por dentro.
Si no se desahogaba, sentía que se iba a morir.
Corrió directo hacia Vanessa.
—¡Maldita! ¡¿Vienes a hacerme daño y todavía te atreves a provocarme?!
Agarró un florero y se lo lanzó a la cabeza.
—¡No te vas a ir así nomás!
Vanessa c