Decidió relajarse, pensando que un poco de alcohol la ayudaría a dormir bien y quizás, con la mente despejada, mañana sabría cómo manejar el caso.
La botella de licor fino se acabó entre ambos en dos o tres rondas, y Luciana ya sentía el alcohol subiéndosele a la cabeza.
De repente, la puerta del reservado se abrió y una pareja entró besándose apasionadamente, tropezando entre sí.
En el reservado solo estaban Luciana y Sebastián, y como no estaban cantando ni habían pedido acompañantes ni jugaba