Alejandro no quería escucharle ni una sola palabra.
—Tienes un minuto para largarte de aquí.
Vanessa bajó la mirada, con los ojos llenos de rabia.
—¿Es por tu prometida o por Luciana? —levantó la cabeza y fingió una cara de lástima.
A Alejandro se le notó el enojo.
—¿De verdad tengo que repetirlo?
—Ya, ya, me voy. —Vanessa se levantó del suelo toda débil, temblando, pero no alcanzó a dar ni dos pasos cuando se desmayó en el sofá.
Con una mirada asesina: Alejandro dijo:
—Vanessa...
Nada. Nadie co