Él la tomó por detrás y le puso un cuchillo en el cuello.
—¡Maldita seas! Por ganar el juicio te valió todo, metiste las manos donde no debías, ¡no te lo voy a perdonar! —El tipo estaba fuera de sí, desbordado de rabia.
Luciana se asustó al principio, pero en cuanto entendió la situación, hizo lo posible por calmarse.
—Estás equivocado, yo solo seguí la ley…
—No me vengas con cuentos. Lo hiciste a propósito. Todo fue una trampa para que yo perdiera. ¡Ya lo sabía! Nada es tan sencillo como parece